Los flagelantes recorrieron las calles y trochas de la mencionada población bajo el inclemente sol.
A causa de la pandemia, dos años tuvieron que esperar los flagelantes del municipio de Santo Tomás, Atlántico, para cumplir sus penitencias.

Este Viernes Santo, en medio de un inclemente sol y azotándose en sus espaldas y descalzos recorrieron la procesión.
Los flagelantes de la población atlanticense cumplieron sus penitencias bajo la mirada de curiosos y expertos en esta práctica que es una tradición en el municipio de Santo Tomás.
Esta procesión es rechazada por la comunidad católica. Sin embargo, para los tomasinos es una entrega de amor con el prójimo.

La procesión de los flagelantes comienza en la Calle de la Ciénaga y termina en un lugar conocido como la Cruz Vieja en Santo Tomás.